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lunes, 21 de diciembre de 2015

Viento libre.

Necesito un viento libre
que libere mis versos
para que se queden ilesos
de la mano del hombre.

La tierra pide a gritos
este viento sin enemigos
que sepa trasportar mis palabras
por las tierras llanas.

Y el mar pide ese viento
para que vuelen los peces
de mi memoria por el tiempo
y que los recuerden a veces.

Necesito un viento limpio,
sin necedades vanas,
un viento impío
que se cuele por mis ventanas.

Necesito un viento alegre,
de niños con la fiebre
de la infancia, enhebrada
en sus dulces miradas.

Necesito un viento suelto,
abierto al hombre despierto,
que vague por el cielo recubierto
de un hermoso manto.

Y que viaje a todos lados
buscando risas y enfados,
parejas de enamorados
o sentimientos desenfadados.

Quiero un viento brillante
con un futuro por delante
que le delate maravillosas historias
y que no se rinda , pues hay gloria.

Hay gloria en el viento,
que es el comienzo del movimiento,
de la propia libertad,
es del mundo la pubertad.

El niño que quiere volar
y busca brío y corre
escapando de la torre
y subiendo hacia el altar.

El niño que pasa frío en la noche
para dejar a las amapolas,
el derroche de un rocío,
que se pongan todas bellas.

Niño , sigue corriendo.
¡Oh viento eterno!
Mueve las aspas del molino
que algún día llegara a su destino.

OJALÁCAFÉ

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