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lunes, 29 de agosto de 2016

Entre las calles de mi pueblo.

La tranquilidad invade mi cuerpo mientras paseo por el pueblo
y voy contando los tulipanes que vuelan por el viento.

Aquí lo efímero parece eterno y lo eterno efímero.
Caen las casas viejas mientras mi mirada las observa una a una.

No hay ninguna sensación parecida a la de perderse por calles que conoces
o la de comer helado en un mirador mientras el pueblo grita cristales y deja posos de café.
La naturaleza forma parte del todo, hay árboles que parecen contar historias
y personas mayores que las cuentan del todo si sabes como preguntar.

Hay tanta vida dentro de estas calles que parece que la vivo con solo respirar.
Hay tanta magia dentro de este pequeño mundo que parece que invade el aire.

No se que será de mi cuando el silencio del asfalto me arañe la garganta.
Cuando el delirio de otro mundo iluminado me dañe los ojos.
Cuando la presión de una naturaleza muerta me coma por dentro.
Cuando la monotonía de un tiempo que corre más de la cuenta me desgarre las tripas.

En ese momento solo podre volver, volveré a caminar y respiraré este aire tan humano.
Y quizás algún día pueda hacer ese otro mundo tan humano como este.
Hasta entonces, si me pierdo, buscadme entre las calles de mi pueblo.

OJALÁCAFÉ.
©Alfonso Javier Fernández de Gea

jueves, 18 de agosto de 2016

Hace 80 años que murió.

Hace 80 años que murió
la pluma contra el papel.
Pero su tinta explotó
y aún sigue viva en mi piel.

Hace 80 años que murió
aquél hijo de la luna
que hasta su muerte combatió
contra los gigantes de bruma.

Aquél que en su poesía
cantaba a los pobres gitanos
y cuya gitanica' verde
aún sigue viva en el barro.

Hace 80 años que murió
o más bien que lo mataron
con fusiles que rompieron la ilusión
de un joven apasionado.

Hace 80 años que murió
el poeta contra el suelo
pero aún esa tierra rezuma
todos sus inmortales versos.

Hace 80 años que murió
pero para mi no morirá nunca. 
Vivirán siempre su pasión y su ilusión 
pues con ella se las llevó la Luna.

OJALÁCAFÉ.

domingo, 7 de agosto de 2016

El gatito.

El gatito huye
¿Por que huyes gatito?
El gatito sigue huyendo.
-No hullas-  Le grito.

El gatito me mira
con sus ojos azules,
huye de la mentira
y de los grandes camiones.

Huye de mi grito
el lindo y blanco gatito,
se sube por todas partes
con sus garras caminantes.

Huye con un maullido.
¡Que dice miau el gatito!
Pero una pata se ha herido,
no puede seguir andando.

Lo encuentro con su patita
que no puede en el suelo apoyar
y le pongo una tirita
para que pueda caminar.

Después de haberlo curado,
el gatito se acurruca.
Sobre mis patas dormido,
admiro su dulce blancura.

Y ya no huye el gatito
por que yo no lo persigo,
los dos quedamos como amigos
que juegan a andar juntitos.

OJALÁCAFÉ.

Poema inspirado en la poesía de Gloria Fuertes.