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sábado, 1 de octubre de 2016

Los niños corren hacia el tranvía.

¡Ay! Si vierais a los niños
coger hoy el tranvía
corriendo,
como yendo a una aventura,
con una energía tremenda,
con su característica inocencia,
descubriendo un mundo
donde la magia reina.

Espero que nunca descubran
que es una puta máquina infernal
donde el aire no existe
y solo hay un ruido
camuflado de silencio.
Donde la gente desea
bajarse en la próxima parada
para seguir existiendo
en su monótona existencia,
sin aventuras,
sin magia,
sin inocencia.

OJALÁCAFÉ.
©Alfonso Javier Fernández de Gea

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