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martes, 22 de noviembre de 2016

Lo verdaderamente importante.

Cuando era pequeño
había algo que me gustaba hacer
cuando llovía.
Lo que hacía era
salir a la calle a saltar en los charcos
y mi madre me reñía
porque era muy importante
que no me manchara
y que no me pusiera malo
pero cuando volvía a casa
siempre estaba la estufa puesta.
La estufa tiene como un agujero para que mires y veas si esta encendida,
a veces, me gustaba mirar el fuego
y entonces me daba cuenta
de que lo verdaderamente importante
era esa sensación de libertad.
Mi madre me veía sonreír
y ella sonreía
y comprendíamos
que hay que dejar de lado
lo que el mundo dice
que es verdaderamente importante.
Los mayores siempre estaban
preocupados,
si llovía ellos se quejaban
y yo sonreía en los charcos,
siempre había mucho trabajo
y yo solo jugaba en el parque
con mis amigos.
Y siempre se empeñaban
en todas esas cosas
en lo muy importante que era el trabajo,
el dinero o el sacrificio.
Yo no sabía que eran esas cosas,
ni todavía lo sé,
supongo que no lo sabré nunca,
sólo se que para mi
las cosas muy importantes
son acariciar a mi gato,
pasear por un paraje lleno de naturaleza,
ver a mis amigos
o escribir poesía.
Nunca entendí a los mayores
porque olvidaban, olvidan y olvidarán,
que lo verdaderamente importante
es uno mismo, sus sueños,
su felicidad, su niño interior.
Que lo verdaderamente importante
esta ahí siempre
y no hay que perseguirlo,
que lo tienes en ti,
que está en ti,
"que existe la vida y la identidad,
prosigue el poderoso drama
y tu puedes contribuir con un verso",
nunca nadie lo dijo
mejor que Walt Withman.
Espero que algún día,
pueda verte saltar en los charcos,
hasta entonces
si dudas sobre lo verdaderamente importante
que sepas que siempre siempre
podrás contar conmigo.

©Alfonso Javier Fernández de Gea

(A mi madre por haberme enseñado a aprender de mi mismo y a Mar por sacarme la inspiración de alguna forma) 

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