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miércoles, 30 de noviembre de 2016

Sin prisas.

¿Sabes por qué nunca tengo prisa?
A veces me da por andar,
en mi camino observo los edificios
de la ciudad,
algunos de enriquecida belleza
decorados con bellísimas estatuas.
Observo como la gente va corriendo a todos lados 
mientras camino entre los árboles de la gran vía Alfonso X el sabio.
En poco tiempo llego a la plaza de santo domingo,
los niños juegan con el balón,
los adolescentes se besan en los bancos
o toman un helado.
En el centro de la plaza hay un gran árbol
con unas raíces inquebrantables,
asciende hasta el mismo cielo,
algunos niños suben a la zona de tierra
que da cuna al ser vegetal
y juegan con las hojas caídas
y sueñan con subir a lo alto.
Me detengo a observarlos
y me doy cuenta de que en ellos
no pasa el tiempo, no existe el tiempo,
pasa la vida, pasan los momentos,
pasan las personas deprisa
y no lo entienden
y algunas, muy nerviosas,
les piden que se bajen.
Yo quisiera ver el gran espacio de tierra
coronado por el viejo árbol lleno de niños jugando.
¿Sabes por qué nunca tengo prisa?
Porque no existe el tiempo,
ni la muerte, ni el silencio.
Porque busco los pájaros,
el mar, los árboles, los niños.
Porque aquello que me hace ser feliz
siempre está ahí, puedo verlo.
A veces, subo con los niños al árbol
y juego con ellos
y si alguno esta en peligro de caer,
lo salvo con mis brazos,
como una especie de guardián entre el centeno.

OJALÁCAFÉ 

A Merce, como regalo de cumpleaños. Gracias por enseñarme a sentirme mejor conmigo mismo y así poder andar más despacito, que es como se disfruta más de la vida. Gracias por saber estar en el momento adecuado, gracias por ayudarme en muchas cosas.
En ti tengo una hermana más, extraña y libre, sincera y fuerte. Espero poder compartir más momentos contigo y que me siga explotando la cabeza cada vez que hablamos y me descubres una nueva forma de ver las cosas.
Te quiere, tu amigo y poeta, el del café.

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