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jueves, 5 de enero de 2017

¿Que por qué escribo?

¿Sabéis esos días que queréis echarlo todo, gritarlo a los cuatro vientos,
llorarlo junto a la almohada o incluso convertirlo en metáfora? 

Pues así son todos mis días.
Por eso escribo poesía.

Las flores me perforan la garganta.
El silencio me quiebra el pecho.

¿Qué digo?
El pecho me duele,
siento como me presiona,
justo en el centro
el dedo de la muerte.
Como está a punto de estallar,
volcánico y furioso
y ojalá que este fuego
incendiara el mundo.

Esto no es una metáfora
para que pienses en que la vida
puede tener otro puto significado.
Esta es la puta realidad del silencio.
Así que no sigáis leyendo con pausas,
ni con la musicalidad ignífuga del árbol.

¿Sabéis esos días en que os viene todo?
Siento rabia de estar pétreo ante el movimiento.
Desdén hacia esquivar la vida sin ningún destino.
Ansiedad por los gritos innecesarios.
Pero nunca lo suelto. 

Me puedes ver ahí, como inútil,
como perro dolorido por su aliento.
Como presa en las fauces de la vida.
Como arena en la boca.

¿Que por qué escribo?
¿Has sentido alguna vez impotencia
por no saber decir algo?
¿Por no saber decirle que la quieres?
¿Por no saber decir que sientes algo?
¿Has estado alguna vez varios años callado?

Si has sentido esto dime.
¿Dónde ha quedado tu silencio?
¿Dónde has llorado?
¿Dónde has dejado el peso de la vida,
el paso hacia la muerte?

Yo si tengo la respuesta,
esta es la única puta forma de deciros
que la vida si puede tener otro significado.
Aunque sea una puta mentira.
En algo tenemos que seguir creyendo,
así que, mejor, creamos en nosotros mismos.

(Por eso escribo,
para escaparme, huir, matar, dejar...
Para irme lejos.
Para olvidar el silencio)

OJALÁCAFÉ

©Alfonso Javier Fernández de Gea


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